Apuntes de ciencia, Miguel Carreras

Particular homenaje a la literatura de divulgación científica española

Particular homenaje a la literatura de divulgación científica española 

Grande Covián

Es incuestionable que en los últimos treinta años se ha producido un apreciable aunque insuficiente salto cualitativo y cuantitativo en España en lo que se refiere a comunicación de la Ciencia en todas sus vertientes.

Vamos a ocuparnos aquí de la literatura escrita, especialmente de los científicos que han publicado libros encaminados  a comunicar a un público más o menos iniciado,  descubrimientos, teorías, opiniones y vivencias relacionados con las distintas disciplinas científicas.

Pero antes de abordar directamente el asunto querría dejar constancia de la importancia de algunas revistas divulgativas, especialmente Muy Interesante-aunque su matriz sea foránea-y de los suplementos o páginas de ciencia de determinada prensa escrita, pues han tenido gran capacidad de atracción de lectores y fomentaron en el pasado, y algunos en la actualidad, el interés popular por el conocimiento científico. Son  de obligada mención el suplemento de Ciencia y Tecnología  del periódico La Vanguardia, que, con la dirección de Vladimir de Semir y las excelentes ilustraciones de Fernando Krahn, fue cantera prodigiosa de lo que se ha dado en llamar escuela catalana de divulgación en la década de los ochenta del pasado siglo; Futuro de El País en su momento; las páginas de ciencia del recientemente desaparecido Público y el muy galardonado Tercer Milenio de Heraldo de Aragón, sobre todo con Pilar Perla al frente. Ha habido y hay más, pero en mi opinión son los medios más relevantes de los últimos años.

Entrando ya en la literatura de divulgación científica propiamente dicha, comenzaremos con el recuerdo de nuestro único Premio Nobel, Santiago Ramón y Cajal que nos legó dos pequeñas joyas, Reglas y consejos sobre investigación científica (Los tónicos de la voluntad) y  El mundo visto a los ochenta años (Memorias de un arterioesclerótico). Y reconocemos asimismo  a Francisco Grande Covián, que salvando el páramo cultural del franquismo, enlazó con las nuevas generaciones. De su obra divulgativa destacamos Nutrición y salud. Faustino Cordón (La naturaleza del hombre a la luz de su origen biológico) y José M. Rodríguez Delgado con Mi cerebro y yo  contribuyeron en la misma línea.

Manuel Toharia

Aunque me voy a referir a científicos actuales que divulgan, sería imperdonable no mencionar a tres personas muy ligadas a los Centros de Ciencia y con sólida formación científica, que han sido sobresalientes impulsores del conocimiento científico entre los jóvenes y la población en general: Manuel Toharia, popular director del Museo Príncipe Felipe de Valencia con Astrología ¿ciencia o creencia?,  El clima. El calentamiento global y el futuro del planeta e Hijos de las estrellas, Ramón Núñez, por su labor en Casa de las Ciencias de A Coruña y su Un científico en la cocina y Jorge Wagensberg, alma desde sus orígenes del Museu de la Fundació La Caixa de Barcelona y entre sus libros, Nosotros y la Ciencia y Si la Naturaleza es la respuesta, ¿Cuál es la pregunta? 

Uno de los pioneros de la moderna divulgación española fue Manuel Calvo Hernando (La ciencia en el tercer milenio). Su hijo Antonio Calvo Roy, siguió los pasos del padre en La Antártida, catedral del hielo.

Javier Armentia y Félix Ares se han esforzado con ahínco en fustigar las supercherías de las falsas ciencias (¡vaya timo!) a través de Editorial Laetoli, campo en el que participan con solvencia Luis Alfonso Gámez (La cara oculta del misterio) e Inés Rodríguez Hidalgo coeditora del libro colectivo Ciencia y pseudociencias.

También hay que señalar, por su  fuerte impacto mediático, a Eduard Punset que, aunque no proceda del mundo de las Ciencias, ha sabido aprovechar el éxito de su programa de TV Redes para alcanzar records de ventas con sus libros. Destacamos  El alma está en el cerebro.

José Manuel Sánchez Ron, de los escasos científicos en la Real Academia Española de la Lengua, físico e historiador de la ciencia, ha dedicado sus libros sobre todo  a ese último aspecto. Además de brillante articulista, ha publicado, entre otros, Marie Curie y su tiempo, La Ciencia y el Quijote,  El poder de la ciencia y, con Mingote, Viva la Ciencia.

Hay también poetas-científicos como Jorge Riechmann, que coordinó Perdurar en un planeta habitable con Alicia Durán Genes en el laboratorio y en la fábrica y científicos- poetas como el bioquímico Francisco García Olmedo que ha escrito La tercera revolución verde y el poemario El mar congelado.

En el ámbito de las ciencias físicas comenzaremos con dos exponentes de la escuela catalana, antes citada: David Jou, científico y poeta, con Las escrituras del universo. Poemas sobre ciencia, Cerebro y universo, dos cosmologías  e Introducción al mundo cuántico  y la joven Sonia Fernández-Vidal y sus novelas La puerta de los tres cerrojos y Quantic love, ambas éxitos de ventas. Se puede incluir en este grupo al profesor e investigador Javier Tejada coautor con Eugene Chudnovsky de El templo de la ciencia y El viaje de Cloe. En otros territorios destacamos las aportaciones de Luis Ruiz de Gopegui (Hombres en el espacio), Cayetano López y sus libros El ogro rehabilitado y Universo sin fin, Juan Pérez Mercader y su ¿Qué sabemos del universo?, Francisco J. Ynduráin (Los desafíos de la ciencia y Electrones, neutrinos y quarks)  y Manuel Lozano Leyva con De Arquímedes a Einstein (Los diez experimentos más bellos de la física) Los hilos de Ariadna.  

No se ha divulgado suficientemente la química  en nuestro país más allá de manuales experimentalistas como Cuestiones curiosas de química de Francisco Vinagre, Remedios Mulero y Juan F. Guerra, pero lo que se ha intentado es de buen nivel. Nos quedamos con De Mendeleiev a los superelementos  de León Garzón,  La tortilla quemada y Los secretos de las etiquetas (La química de los productos del hogar) de Claudi Mans, El profeta del orden químico. Mendeleiev de Pascual Román    e Historia del veneno (De la cicuta al polonio) de Adela Muñoz Páez.

Eduald Carbonell

La concesión del Premio Príncipe de Asturias de  investigación científica y técnica al equipo de Atapuerca, constituyó un trampolín publicitario para la paleontología. El precursor fue  Emiliano Aguirre (Homo hispánico), si bien la mayor popularidad la alcanzaron  sus discípulos Eudald Carbonell (Aún no somos humanos, coautor con Robert Sala y Atapuerca, perdidos en la colina con José Mª Bermúdez de Castro), Juan Luis Arsuaga (Amalur. Del átomo a la mente) y con Ignacio Martínez La especie elegida. Referente a las ciencias de la tierra Francisco Anguita publicó Biografía de la Tierra. Historia de un planeta singular y Josefina Castellví (Yo he vivido en la Antártida).

En el entorno de las ciencias biológicas han publicado con buen seguimiento de lectores Pere Puigdomenech con Las plantas que comemos y la novela El gen escarlata, Ramón Sánchez Ocaña (Los hijos del frío) y Anna Veiga (El milagro de la vida), relacionadas con la reproducción asistida, Josep Casacuberta y su premiado El genoma fluido, Emilio Muñoz y Biotecnología y sociedad y Pedro García Barreno y 50 años de ADN. La doble hélice. Sobre ecología nos quedamos con Antonio Ruiz de Elvira (Quemando el futuro), con Que lo hermoso sea poderoso de Ramón Folch y, por supuesto,  con el maestro Ramón Margalef y su Planeta azul, planeta verde.

Me permito una pincelada localista con unas breves notas sobre Aragón. Se escribe poco por estos pagos y los que lo hacen se prodigan insuficientemente. También aquí la prensa ha tenido con sus secciones de ciencia un importante papel; es el caso del fugaz I+DEAR de El Periódico de Aragón, además del antes citado Tercer Milenio. La revista universitaria Con Ciencias  está orientada a los futuros científicos y  a los preuniversitarios iban dirigidas  Ciencia Viva y A ciencia cierta..,  que tuve el placer de fundar y coordinar. En formato digital, señalamos el portal Aragón Investiga, que inserta periódicamente críticas de libros, con la entusiasta Rosa Castro como coordinadora.

En cuanto a libros Miguel Ángel Sabadell nos ofreció El hombre que calumnió a los monos, Eustoquio Molina, que además de su actividad incansable contra los antidarwinistas de todo signo, escribió Origen y evolución del hombre y Julio Montoya Del genoma mitocondrial a la enfermedad. El Seminario interdisciplinar universitario, al que tuve la satisfacción de pertenecer, propició interesantes  publicaciones de circulación un tanto restringida a través de Prensas universitarias de la Universidad de Zaragoza, sobresaliendo en sus funciones Mariano Hormigón, José Joaquín Boya y Alberto Carreras.

 Tras leer esta recopilación se podría pensar que hay muchos nombres y títulos, pero es que prácticamente están todos los que son y entonces la lista resulta evidentemente  escasa para un país avanzado como el nuestro, si se tiene en  cuenta que autores y  publicaciones  no tienen la continuidad necesaria. No soy muy optimista mirando al futuro. En un sector poco consolidado, las nuevas tecnologías de comunicación y los formatos nuevos pueden llevar al libro de divulgación científica a posiciones testimoniales, colmando solo aspiraciones bibliófilas.

Una gran mayoría de los nombrados colaboraron de forma casi altruista conmigo y mis compañeros en  Ciencia Viva transmitiendo a los alumnos hasta 2007 sus conocimientos y, posteriormente, participando en la nueva andadura del programa en  Conversaciones en la Aljafería y Ciencia Viva para la cárcel. Vaya, pues, mi más sincero agradecimiento para ellos.

Miguel Carreras Ezquerra
Presidente Asociación Ciencia Viva (@cienviva)

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Comentarios

2 comentarios en “Particular homenaje a la literatura de divulgación científica española

  1. Que buen artículo!! Me ha encantado!!

    Publicado por Rosa | junio 12, 2012, 11:37 am
  2. interesante articulo, me han llamado la atencion bastantes libros que empezaré a leer

    Publicado por Carla | junio 13, 2012, 8:52 pm

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