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En movimiento. Una vida

En movimiento. Una vida

Oliver Sacks

Dr. Oliver Sacks

A principios de agosto del pasado año Oliver Sacks escribía en varios diarios de todo el mundo un artículo, a modo de despedida, que en España tenía como titular Mi tabla periódica. En él decía: “Hace unas semanas, en el campo, lejos de las luces de la  ciudad,  vi el cielo entero salpicado de estrellas (en palabras de Milton).Un cielo así, imaginé, solo se debía de poder contemplar en altiplanos secos y elevados como el de Atacama (donde se encuentran algunos de los telescopios más potentes del mundo). Fue ese esplendor celestial el que me hizo darme cuenta de repente de qué poco tiempo, qué poca vida me quedaba. Para mí, una percepción de la belleza del cielo, estaba asociada indisolublemente a una sensación de fugacidad y muerte”.

Sacks, que había recibido la noticia de que padecía metástasis en cerebro e hígado, consecuencia de un melanoma ocular anterior que le hizo perder la visión en un ojo, describía el duro tratamiento y comentaba: “Me entristece no ser testigo de la nueva física nuclear, ni de los avances en las ciencias físicas y biológicas”. Fallecía el 30 de agosto de 2015 en Nueva York acompañado por su pareja desde 1977, el fotógrafo y escritor Bill Hayes.

Consultando Wikipedia y otras fuentes se infiere que Oliver Sacks nació en Londres en 1933, de padres médicos. Tras estudiar fisiología y biología y después maestría en cirugía en Queen`s College de Oxford, donde años más tarde le proclamaron miembro honorario, marcha a Canadá y Estados Unidos, especializándose en neuroquímica y neurocirugía  en la Escuela de Medicina Albert Einstein.  Trabaja, combinando clínica y docencia en ocasiones, en la Universidad de Los Ángeles, donde fue becario, en la de Columbia-donde se le  nominó Artista- y especialmente en la Universidad de  Nueva York. Promovió el Instituto para la Música y la Función Neurológica.

Entre las distinciones que se le otorgaron destacan el Music Has Power, el Lewis Thomas por Escritos sobre Ciencia  y el grado de Comendador de la Orden del Imperio Británico. Fue miembro de la estadounidense Academia de las Artes y las Ciencias  y doctor honoris causa de varias universidades. Un asteroide lleva su nombre.

Sus publicaciones más conocidas son, más allá de sus múltiples colaboraciones  en periódicos y revistas, Despertares, que sirvió de base para una obra de teatro, un documental y una ópera compuesta por Michael Nyman y Christopher Rawlence y que fue llevada al cine por el director Penny Marshall en 1990, El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, Un antropólogo en Marte, y Alucinaciones, su último libro en 2012.

Multidisciplinar, heterodoxo, autocomplaciente tal vez, aventurero, aficionado y practicante de deportes como natación y submarinismo, motociclismo, montañismo, billar y culturismo, polémico con sus colegas médicos por sus prácticas profesionales, comunicador compulsivo, judío y ateo, como él acostumbraba a decir. Singular, en definitiva.

En este libro, su autobiografía póstuma, encontraremos la vida de Sacks, desde su infancia y adolescencia marcadas por una cuasi-enfermiza curiosidad, hasta su compleja sexualidad- que en algún momento llegó a atormentarle- y su afición a las anfetaminas y otros “estimulantes”.

También escribe sobre su relación con científicos como el médico y psicólogo Alexander Romanovich Luria,  Gerald M.Edelman y Francis Crick, premios Nobel de Fisiología  y Medicina, Roald Hoffmann, Nobel de Química, el paleontólogo, biólogo evolutivo e historiador de la ciencia Stephen Jay Gould, literatos como el Premio Nobel de Literatura Harold Pinter y los poetas Thom Gunn y Wystan Hugh Auden o los actores Mae West, Dustin Hoffman,  Robin Williams y Robert de Niro y políticos  como los primeros ministros israelitas Aba Eban, su primo, y Levi Eshkol. Todo  esto y mucho más encontrará el lector en la dinámica, prolija, pero amena narración que  Sacks dedica a su compañero Bill Hayes.

Comienza En movimiento. Toda una vida con esta cita del filósofo, padre del existencialismo, Soren Kierkegaard: “La vida hay que vivirla hacia delante, pero solo se puede comprender hacia atrás”. Consta  de doce capítulos-el primero titulado como el libro y el último Mi hogar- y un índice analítico final e incluye un total de cincuenta y ocho fotografías, personales o cedidas por  amigos, distribuidas en dos bloques por épocas.

El libro, traducido del inglés por Damiá Alou, ha sido publicado en España por Anagrama (Colección Argumentos) en noviembre de 2015, a la vez que en muchos países del mundo y ha recibido elogiosas críticas.

Oliver Sacks

Quiero recordar, para finalizar, una obra de Sacks, El tío tungsteno (Recuerdos de un químico precoz)-su tío Dave Landau en la vida real- en la misma editorial, que salió a la venta en España en 2003.

Se trata de una pequeña joya de la divulgación de la Química, que a buen seguro fomentó no pocas vocaciones científicas entre los jóvenes estudiantes. En mi opinión uno de los mejores exponentes de la difusión popular de la Química.

En un breve comentario que le dediqué en el número 15 de la revista A Ciencia cierta, escribí:”Metales, luces y brillos, números, olores y explosiones, lenguaje químico, material de laboratorio..desfilan por las páginas de este interesante libro, acompañando a científicos ilustres.(…)Nos encontramos ante una pequeña historia de la química, tratada con un enfoque diferente y originalmente divulgativo”.

Clara y Laura Carreras expusieron su opinión, en 2005, en la sección “De puño y letra” del suplemento científico Tercer Milenio del periódico Heraldo de Aragón. Puede verse el texto íntegro al final de esta reseña (*).

Miguel Carreras Ezquerra. Asociación Ciencia Viva.

(*) Un químico precoz. Laura y Clara Carreras Estella.

Un quimico precoz

 

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