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AKADEMEIA

AKADEMEIA

No  es frecuente en España que los  científicos encuentren ocasión para escribir en clave de ficción narrativa. Conservo algunos recuerdos como coordinador de Ciencia Viva de quienes nos visitaron hace pocos años. Me refiero al bioquímico Francisco García Olmedo y su novela Notas a Fritz, al físico y biólogo Pere Puigdomenech con El gen escarlata, recientemente reeditada, a la matemática Susana Mataix con Leer a Julio Verne y a la física Sonia Fernández-Vidal con las novelas juveniles La puerta de los tres cerrojos y Quantum love, además de Desayuno con partículas.

La editorial aragonesa Los libros del gato negro ha publicado recientemente AKADEMEIA, escrita por el profesor, científico e investigador Jesús Santamaría. La novela fue presentada el pasado mes de mayo en  el Paraninfo de la Universidad zaragozana.

Jesús Santamaría Ramiro es catedrático de Ingeniería Química y Tecnología del Medio Ambiente de la Universidad de Zaragoza y director del Instituto de Nanociencia de Aragón (INA). Ha sido decano de la facultad de Ciencias y fue director general de Innovación, Investigación y Desarrollo tecnológico en el Gobierno aragonés. Como investigador tiene más de dos docenas de patentes registradas. Entre sus estancias postdoctorales destaca el MIT, escenario destacado en su  novela y ha escrito manuales de química, como Ingeniería de reactores. Hemos de recalcar también la faceta comunicadora de la ciencia de Jesús, que tuve ocasión de comprobar en las conferencias dirigidas a preuniversitarios de Zaragoza y Huesca, que impartió en  Ciencia Viva. Participa asiduamente en sesiones de monólogos científicos de divulgación.

El  título del libro, AKADEMEIA, rememora la escuela filosófica fundada por Platón en 387 a.C. El autor escribe: “En la ACADEMIA, con mayúsculas, existe una organización piramidal, que no ha cambiado en lo sustancial desde los tiempos de la antigua Grecia. Hay un maestro, discípulos aventajados, discípulos principiantes, cada uno en su papel. La universidad actual tiene en sus grupos de investigación escalas conceptualmente análogas aunque más estructuradas, con una jerarquía explícita que va desde el catedrático hasta el último estudiante de doctorado. En realidad, es una organización casi natural, lo vemos en las pirámides tróficas de los libros de zoología, con el superdepredador en lo más alto, depredadores secundarios y terciarios en los niveles intermedios y productores en los escalones más bajos.”

Cada uno  de los dieciséis capítulos comienza con una breve entradilla entresacada de una película estadounidense famosa.

Es el protagonista principal de la novela Pedro Hernández, químico investigador que aterriza en el departamento de Química del Massachusets Institut of Technology (MIT, vulgo emaiti), expatriado/emigrado desde la Complutense madrileña. Un “cerebrito”, según la jerga estudiantil, que irá transmitiendo en primera persona sus vivencias y reflexiones, publicaciones y trabajos de laboratorio, avances y estancamientos, anécdotas de su vida cotidiana, amistades, amores y amoríos y que se granjeará muy probablemente la simpatía de los lectores. “Me daba cuenta claramente de que, en los últimos meses, un tono vital más bajo se había instalado en mí. No podía fijar con precisión el inicio de la pendiente descendente, aunque mi deprimente Navidad bostoniana tenía muchas papeletas. Por supuesto ocultaba mi talante sombrío en las sesiones de Skype con mi familia, que iba espaciando cada vez más”, reflexiona en un momento de crisis producida por el agobiante espíritu competitivo y sus múltiples derivaciones, que irradia el día a día en esa catedral de la ingeniería y la tecnología donde trabaja.

Pero hay también un conjunto coral de personajes- investigadores principales, postdocs, profesores titulares y ayudantes, estudiantes- que participan de los pros y  contras de las ansias de poder que se soporta en esa Academia de Ciencias de la era tecnológica. Algunos nombres propios: Achik, Alison, Marta; Andrew, Chino, Hugo, Jarrod, Matsumura; Barron, Martin, Padilla, Winslow.

Según me dice esa gran lectora de novela negra que es Vega Estella, hay como dos tipos de esa categoría, la “social” y la que no lo es. En la primera la relación de la trama con el entorno, pasado o presente, es intensa. Si hiciéramos una breve lista, sería obligado incluir al sueco Henning Mankell, al griego Petros Markaris  y al italiano Andrea Camilleri entre los europeos. De los españoles nombraré a Francisco González Ledesma y su hija Victoria González Torralba, Alicia Giménez Barlett, Juan Madrid y Andreu Martin. En Akademeia el contexto social sería el complejo mundo de la ciencia de élite.

Personalmente siempre he celebrado las interacciones ciencias-artes-humanidades, cultura noble de nuestro tiempo. De las aportaciones de científicos ya he mencionado algunos casos. Por el otro lado me limitaré a recordar entre los españoles a novelistas consagrados como Ray Loriga  con Trifero y Rosa Montero y La ridícula idea de no volver a verte, que han hecho incursiones notables en el campo de la ciencia.

En mi opinión esta primera inmersión de Santamaría en la novela será del agrado  de la gente de ciencias, jóvenes y mayores, porque acaso les recordará  vivencias propias más o menos próximas. Pero también puede atraer a un amplio espectro de lectores ajenos al mundo de la investigación, por la forma amena del lenguaje utilizado y  el sostenido ritmo del texto.

En cualquier caso, convendrán conmigo en que el hecho de que en esta novela la autoría del crimen y el cadáver estén vinculados a la ciencia es una singularidad que acaba resultando verosímil.

Miguel Carreras Ezquerra.
Asociación Ciencia Viva.

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Comentarios

3 comentarios en “AKADEMEIA

  1. Habrá que leer la obra de mi colega… Gracias, Miguel, por tu reseña.

    Publicado por cmans | septiembre 4, 2018, 2:09 pm

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